domingo, 27 de noviembre de 2016

ESTÁ AHÍ, PERCÍBELO


¿No lo sientes?

ADVIENTO es  tiempo de grandes favores si es que estamos atentos y  dejamos que Cristo signifique lo esencial para mi vida.
Él está aquí hoy como ayer y mañana y se hace el encontradizo en cada esquina, en cada situación de vida cuando hace vibrar nuestras antenas, las remece   con llamados de alarma para que no nos quedemos adormecidos.
 Estemos atentos, como quien vela,  abierta la conciencia al Espíritu.
¿Seremos capaces de bajar un tanto las prioridades de nuestros celulares y de nuestras disipadas existencias? Si sí, dejémonos asombrar del manejo que hace el Espíritu en el disco duro de nuestro cerebro, cuerpo y corazón. Él se da el trabajo de almacenar la revelación de Cristo, sus palabras y  obras, su amor, su misericordia, su perdón...
La formación del resucitado va evolucionando  en  cada uno de nosotros en la medida de la acogida que hacemos de Él, a la manera de un verdadero nacimiento.
Esta venida puede ser la revelación de Él en el hermano que quizá menos pensamos.

jueves, 10 de noviembre de 2016

INCLUSIÓN

Jesús no excluye a nadie

Jesús sorprende a todos al sentarse a comer con cualquiera. Su mesa está abierta a todos, Jesús no excluye a nadie. Puede compartir su mesa gente poco respetable, impuros, mendigos, enfermos, lisiados, pecadores… El reino de Dios es una mesa abierta y el gozo de Dios es que los pobres y despreciados, los indeseables y pecadores puedan disfrutar con Él en la fiesta y banquete que tiene preparados. No es que justifique el pecado, el libertinaje, la corrupción, el vicio  ni la prostitución. Lo que hace es romper el círculo diabólico de la discriminación abriendo un espacio a la amistad con Dios. La mesa común crea entre los comensales una comunidad de existencia y estas comidas son un auténtico “milagro” que los va curando por dentro. La acogida de Jesús les devuelve la dignidad perdida; pueden abrirse al perdón de Dios y cambiar. Él llega a sus vidas como una fuerza compasiva que los cura y perdona.




Descubro mis espacios de exclusión; afectos, lenguaje, pensamientos. 
Identifico: ¿A quienes excluyo?
Hago un proyecto de inclusión en que quepan todos aquellos y aquellas que excluyo de mi vida.

jueves, 20 de octubre de 2016

AMOR INSONDABLE

El Corazón de Jesús es una hoguera de amor”
S.Juan Eudes “El Admirable Corazón de Jesús”.  O.C. 8. Pag. 344-

Cuando escucho la palabra Corazón seguramente me vienen múltiples ideas y recuerdos.

Me pregunto: ¿Cómo está mi corazón? ¿Late al compás de los demás, o en solitario? Tomo conciencia de mis afectos, sentimientos y pasiones y le pido a Dios tener un corazón que sepa amar como el suyo.

Dios nos habla: “Les daré un corazón nuevo y les infundiré mi Espíritu” (Ez.36, 26)  y 
“Yo los amo, como el Padre me ama, permanezcan en mi amor”.
( Jn 15,9) 
Nos dice San Juan Eudes: “El Corazón de Jesús se nos ha dado para que sea nuestro propio corazón” (OC 6,261-
Contemplo el misterio insondable del amor de Cristo y recibo su corazón en mi corazón. Ante el maravilloso amor de Dios, me pongo ante Él aceptando mi pequeñez y mis afectos desordenados y me dispongo a dejarme amar en el gran abrazo de su perdón.

 “Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, sí no tengo caridad, nada soy”. (1 ª Corintios 13, 3)

               20 de octubre, fiesta del Divino Corazón de la Familia Eudista.

jueves, 29 de septiembre de 2016

EL CAMINO DE LA NOCHE

EN LA NOCHE OSCURA DEL ALMA


  Dejemos a un lado, por un momento, las cuestiones políticas y ocupémonos de un tema de gran relevancia existencial y espiritual. Se trata de la noche oscura que la recién canonizada Madre Teresa de Calcuta vivió y sufrió desde 1948 hasta su muerte en 1997. Tenemos los testimonios recogidos por el postulador de su causa, el canadiense Brian Kolodiejchuk en el libro Come Be My Light (Ven, sé mi luz).
Como es sabido, la Madre Teresa vivía en Calcuta recogiendo moribundos de las calles para que muriesen humanamente dentro de una casa y rodeados de personas. Lo hacía con extremo cariño y completa abnegación. Todo indicaba que lo hacía a partir de una profunda experiencia de Dios.
Cuál no sería nuestra sorpresa cuando nos enteramos de su profundo desamparo interior, verdadera noche sin estrellas y sin esperanza de un sol naciente. Esa pasión dolorosa duró casi 50 años. Ya en agosto de 1959 escribía a uno de sus directores espirituales: «En mi propia alma siento un dolor terrible. Siento que Dios no me quiere, que Dios no es Dios y que Él verdaderamente no existe».
En otra ocasión escribió: «Hay tanta contradicción en mi alma: un profundo anhelo de Dios, tan profundo que me hace daño; un sufrimiento continuo y con él el sentimiento de no ser querida por Dios, rechazada, vacía, sin fe, sin amor, sin cuidado; el cielo no significa nada para mí, me parece un lugar vacío».
Sabemos que muchos místicos testimonian esta experiencia de oscuridad. Lo constatamos en san Juan de la Cruz, en santa Teresa de Ávila, en santa Teresa de Lisieux, entre otros. Esta última, tan dulce, expresión de la mística de las cosas cotidianas, escribió en su Diario de un Alma: «No creo en la vida eterna; me parece que después de esta vida mortal, no existe nada: todo desapareció para mi, solo me queda el amor».
Es conocida la noche oscura de san Juan de la Cruz, tan bien expresada en su poema “La noche oscura”. Él distingue dos noches oscuras: una, la noche de los sentidos por la cual el alma vive sin consuelos espirituales y en una tremenda sequedad interior. La otra es la noche del espíritu “oscura y terrible” en la cual el alma ya no consigue creer en Dios, llega a dudar de su existencia y se siente condenada al infierno.
Especialmente la modernidad, centrada en si misma y perdida dentro del inmenso aparato tecnológico que creó, vive también esta ausencia de Dios que Nietzsche calificó como «la muerte de Dios». No es que Dios haya muerto, porque entonces no sería Dios. Es que nosotros lo matamos, es decir, Él ya no es un centro de referencia y de sentido. Vivimos errantes, solos y sin esperanza.
Dietrich Bonhöffer, teólogo mártir del nazismo, captó esta experiencia, aconsejándonos vivir «como si Dios no existiese» (etsi Deus non daretur), pero viviendo el amor, el servicio a los demás y cultivando la solidaridad y el cuidado esencial.
Sospechamos que Jesús conoció esta noche terrible. En el Huerto de los Olivos se sintió tan solo y angustiado que llegó a sudar sangre, expresión suprema de pavor. En lo alto de la cruz, grita al cielo: ”Padre, ¿por qué me has abandonado?” No obstante esa ausencia de Dios, se entrega confiadamente: “Padre, en tus manos entrego mi espíritu”. Se despojó de todo. La respuesta vino en forma de resurrección como la plenitud de la vida.
La noche oscura de Madre Teresa al punto de decir: «Dios verdaderamente no existe» nos deja un interrogante teológico. Descompone todas nuestras representaciones de Dios. “A Dios nadie lo ha visto jamás” dicen las Escrituras. Es «nuestro saber no sabiendo, toda ciencia transcendiendo» al decir de San Juan de la Cruz. Creer en Dios no es adherir a un dogma o doctrina. Creer es una actitud y un modo de ser; es adherirse a una esperanza que es “la convicción de las realidades que no se ven” (Hebreos 11,1), porque lo invisible es parte de lo visible. Creer es una apuesta, según dice Pascal, que conoció también su noche oscura.
Simone Weil, la judía que en la última guerra se convirtió al cristianismo pero no quiso bautizarse en solidaridad con sus hermanos condenados a las cámaras de gas, nos da una pista de comprensión: «Si quieres saber si alguien cree en Dios, no te fijes en cómo habla de Dios sino en cómo habla del mundo», si habla en forma de solidaridad, de amor y de compasión. Dios no puede ser encontrado fuera de estos valores. Quien los vive está en dirección a Él y junto a Él aunque niegue a Dios.
La Madre Teresa de Calcuta amando a los moribundos estaba en comunión con el Dios escondido. Ahora que ya se transfiguró vivirá la presencia de Dios cara a cara en el amor y en la comunión.



viernes, 16 de septiembre de 2016

LA GLOBALIZACIÓN DE LA INDIFEERENCIA

ALGUNAS  FORMAS DE 
INDIFERENCIA 

3. Es cierto que la actitud del indiferente, de quien cierra el corazón para no tomar en consideración a los otros, de quien cierra los ojos para no ver aquello que lo circunda o se evade para no ser tocado por los problemas de los demás, caracteriza una tipología humana bastante difundida y presente en cada época de la historia. Pero en nuestros días, esta tipología ha superado decididamente el ámbito individual para asumir una dimensión global y producir el fenómeno de la «globalización de la indiferencia».
La primera forma de indiferencia en la sociedad humana es la indiferencia ante Dios, de la cual brota también la indiferencia ante el prójimo y ante lo creado. Esto es uno de los graves efectos de un falso humanismo y del materialismo práctico, combinados con un pensamiento relativista y nihilista. El hombre piensa ser el autor de sí mismo, de la propia vida y de la sociedad; se siente autosuficiente; busca no sólo reemplazar a Dios, sino prescindir completamente de él. Por consiguiente, cree que no debe nada a nadie, excepto a sí mismo, y pretende tener sólo derechos. Contra esta autocomprensión errónea de la persona, Benedicto XVI recordaba que ni el hombre ni su desarrollo son capaces de darse su significado último por sí mismo; y, precedentemente, Pablo VI había afirmado que «no hay,
pues, más que un humanismo verdadero que se abre a lo Absoluto, en el reconocimiento de una vocación, que da la idea verdadera de la vida humana».
Seguramente este texto del Papa Francisco  en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz en enero de 2016,  no te deja indiferente.

Leemos los diarios, vemos las noticias, conversamos con la gente sobre los dramáticos momentos de horror que está viviendo la humanidad, guerrillas, torturas, pobreza, gente que huye y no encuentra asilo digno, trata de personas particularmente niños, niñas, adolescentes y mujeres jóvenes. ¿Que hago con todo este bagaje que penetra mi  disco duro? Lo paso al corazón, a mis entrañas como si se tratara de mis hijos dolientes con hambre, frío, miedos, pániico...

     DEJO LA INDIFERENCIA.

Oro al Señor, ruego por ellos y los abrazo con ternura. Lloro, busco cómoo ayudar según mis condiciones y capacidades.
Dios Pastor te busca para que levantes con amor a los que se están marchitrando por falta de coompasión efectiva.

sábado, 3 de septiembre de 2016

LOS SERES DÉBILES

          
EL CUIDADO DE LO FRÁGIL

                                               
En la encíclica Laudato si’, sobre el cuidado de la casa común, el Papa Francisco se refiere, en varias ocasiones, al aborto, encuadrándolo, asimismo, en la cultura del cuidado de lo frágil. 
En la naturaleza todo está relacionado y, por ello “tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. 
No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege a un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades” (LS 120).


Entre los débiles, que hay que cuidar con predilección, “están los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo” (EG 213)*.


*Exhortación Apostólica "Evangelii Gaudium", del papa Francisco 

sábado, 20 de agosto de 2016

PUERTA ESTRECHA

JESÚS NOS INVITA A PASAR POR LA PUERTA ESTRECHA


Pasar.
La vida nos enseña  a ir evolucionando, quemando etapas,  ir pasando, cruzando puentes,...La existencia es un "Paso" de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad liberadora. Y eso lo logramos si tomamos conciencia de a dónde quiero ir, la meta de mi proyecto de vida. 
Si tengo clara la meta, fácil se me hará buscar la puerta, llegar y atravesarla.
 ¿ ? Despojados de todo afán de poder, con humildad sabiendo que Él hace imposibles conmigo.
Estrecha, Mucho amor y justicia me harán posible cruzarla, porque lo que hice a uno de mis hermanos más desvalidos, a Jesucristo se lo hice.