sábado, 20 de agosto de 2016

PUERTA ESTRECHA

JESÚS NOS INVITA A PASAR POR LA PUERTA ESTRECHA


Pasar.
La vida nos enseña  a ir evolucionando, quemando etapas,  ir pasando, cruzando puentes,...La existencia es un "Paso" de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad liberadora. Y eso lo logramos si tomamos conciencia de a dónde quiero ir, la meta de mi proyecto de vida. 
Si tengo clara la meta, fácil se me hará buscar la puerta, llegar y atravesarla.
 ¿ ? Despojados de todo afán de poder, con humildad sabiendo que Él hace imposibles conmigo.
Estrecha, Mucho amor y justicia me harán posible cruzarla, porque lo que hice a uno de mis hermanos más desvalidos, a Jesucristo se lo hice.

lunes, 15 de agosto de 2016

JUEGOS


LA HUMANIDAD SE ENCUENTRA CONSIGO MISMA.

Los Juegos Olímpicos nos invitan a reflexionar sobre la importancia antropológica y social del juego. No  el juego que se volvió profesión y gran comercio internacional como el fútbol, el baloncesto y otros, que son más bien deportes que juegos. El juego, como dimensión humana, que no tiene ninguna finalidad práctica, pero lleva en sí mismo un profundo sentido como expresión de alegría de divertirse juntos.
En los Juegos Olímpicos su eje articulador es la competición incluyente, pues participan todos. La competición es para el mejor, apreciando y respetando las cualidades y el virtuosismo del otro.

La tradición cristiana desarrolló toda una reflexión sobre el significado   trascendente del juego. 
Las dos Iglesias hermanas, la latina y la griega, se refieren a Dios, al hombre y a la Iglesia como lúdicos.  
Veían la creación como un gran juego de Dios lúdico: hacia un lado lanzó las estrellas, hacia otro el sol, más abajo puso los planetas y con cariño colocó la Tierra, equidistante del Sol, para que pudiese tener vida.
La creación expresa la alegría  
desbordante de Dios, una especie de teatro en el cual desfilan todos los seres y muestran su belleza y grandeza. Se hablaba entonces de la creación como un theatrum gloriae Dei (un teatro de la gloria de Dios).
En un bello poema dice el gran teólogo de la Iglesia ortodoxa Gregorio Nacianceno (+390): «El Logos sublime juega. Engalana con las más variadas imágenes y por puro gusto y por todos los modos, el cosmos entero». En efecto, el juguete es obra de la fantasía creadora, como lo muestran los niños: expresión de una libertad sin coacción, creando un mundo sin finalidad práctica, libre del lucro y de beneficios individuales.
 Dios es verdaderamente lúdico, decía Hugo Rhanner y aconsejaba que fuéramos seres lúdicos.
Estas consideraciones sirven para mostrar cómo puede ser sin nubarrones y sin angustia nuestra existencia aquí en la Tierra, al menos por un momento, especialmente cuando se vislumbra en la belleza de las diferentes modalidades de juegos la misteriosa presencia de un Dios lúdico. Entonces no hay que temer. Lo que nos bloquea la libertad y la creatividad es el miedo. En lo profundo, la realidad no es traicionera, sino buena y bonita, alegre acogedora. Alegrarse por formar parte de ella lo expresamos en el juego, y, de forma universal, en los Juegos Olímpicos. Tal vez éste sea su sentido secreto.      

ADAPTACIÓN. lLEONARDO BOFF KOINONÍA     




jueves, 28 de julio de 2016

JESÚS Y LA MUJER




                                     M U J E R 


Nuestra sociedad actual, sacudida por corrientes feministas cada vez más fuertes, apenas sospecha el carácter verdaderamente revolucionario del comportamiento de Jesús ante la mujer, atentando escandalosamente contra las costumbres más venerables de aquella sociedad.
La situación de la mujer era realmente lamentable. Sin verdadera personalidad jurídica, esclava de su propio esposo, ignorante de la ley, sin acceso a la cultura y la vida pública, sospechosa constantemente de impureza ritual, discriminada religiosa y socialmente, sufría una marginación intolerable.
Es significativa la oración que R. Jehuda recomendaba a todos los varones recitar diariamente: “Bendito seas Dios porque no me has creado pagano, mujer ni ignorante”.
La mujer es valorada únicamente como objeto de placer para el esposo, instrumento de fecundidad para la familia y servicio para las faenas del hogar.
La actuación de Jesús en aquel contexto social fue una buena noticia para la mujer.
Rompiendo los prejuicios y costumbres anteriores de mantener a la mujer al margen de las Escrituras, Jesús las acepta entre sus discípulos y seguidores, en una actitud nueva e inaudita para un rabino judío.
Oponiéndose a todas las escuelas rabínicas de la época, defiende a la mujer en el matrimonio, condenando la poligamia y el repudio decidido exclusivamente por el varón.
Pero sobre todo, Jesús destruye la falsa concepción de la mujer vigente en aquella sociedad.
En primer lugar, rechaza una visión que reduzca a la mujer a “mero objeto sexual”, pidiendo para ella un respeto absoluto. “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio en su corazón”.
         Jesús rechaza también la valoración de la mujer sólo como instrumento de       fecundidad. Cuando una mujer sencilla alaba a su madre, reduciendo toda la       grandeza de la mujer a un vientre fecundo y unos pechos para alimentar a los       hijos, Jesús la corrige diciendo que más importante aún que la maternidad es       que la mujer sepa escuchar la palabra de Dios y orientar su vida conforme a         ella.
El relato evangélico de Marta y María nos recuerda otra escena significativa. Marta recrimina a su hermana porque no se preocupa de los trabajos del hogar. Jesús responde con estas palabras: “Marta, Marta, te afanas y preocupas por muchas cosas y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena que no le será quitada”.
La mujer no debe quedar reducida a la esclavitud de las faenas caseras. Hay algo mejor a lo que tiene derecho. Escuchar la palabra de Dios y vivirla.vivi
                             Antonio Pagola.

martes, 12 de julio de 2016

Sectarismos

Al verlo, le dio lástima y se acerco.




No siempre somos conscientes de los rechazos, desprecios y condenas que alimentamos dentro de nosotros a causa de perjuicios heredados del pasado o construidos por nosotros mismos. Sin embargo, son esos prejuicios “institucionalizados” los que modelan con frecuencia nuestra manera de sentir, de pensar y de comportarnos con otros grupos que no son el nuestro.

En todas las culturas, antiguas o modernas, el ser humano trata de afirmar su pertenencia al propio grupo social, político o religioso poniendo límites frente a los otros. Levantamos fronteras para marcar las diferencias y asegurar nuestra propia identidad.

Lo grave es que, con frecuencia, tendemos a considerar como “inferiores” a quienes son diferentes y no pertenecen a nuestra raza, nación, religión o partido. No sólo es eso. La “lealtad” al propio grupo nos puede conducir a una hostilidad o rechazo que nos pasa desapercibido, pero que forma parte de nuestro ser. Cuando esto sucede, desaparece la mirada amistosa y compasiva con la que un ser humano ha de mirar a otro.

La parábola del buen samaritano es un desafío del sectarismo que envenena nuestras relaciones. El hombre caído en el camino ve acongojado cómo se desentienden de él aquellos de los que podía esperar ayuda: los “suyos”, los representantes de su religión, los de su pueblo. Cuando se acerca un samaritano, enemigo proverbial de Israel, sólo puede esperar lo peor. Es él, sin embargo, quien se acerca, lo mira con compasión y lo salva.

Este hombre es capaz de reaccionar contra prejuicios seculares y ser “desleal” a su propio pueblo para identificarse con un ser humano que sufre y necesita ayuda. El mensaje de Jesús es claro. No ha de ser el propio grupo, la propia religión o el propio pueblo los que nos indiquen a quién amar y a quién odiar, a quién acercarnos o a quién ignorar. El amor evangélico exige lealtad, no al propio grupo, sino al hombre que sufre aunque no comparta nuestra identidad. La parábola es revolucionaria: ¿Para qué sirve una religión si no es capaz de romper los sectarismos y crear fraternidad?



José Antonio Pagola

viernes, 1 de julio de 2016

IGLESIA PARTICIPATIVA, CREATIVA, VIVA.


Responsabilidad personal y colectiva.
 La Constitución de Chile de 1890 fue reformada en 1989 y en 20O5 y muchos piensan que esas reformas no fueron suficientes.  Chile ha sido convocado por las autoridades de gobierno a reflexionar sobre un cambio constitucional y es primera vez que los chilenos han sido directamente convocados a definir la ley de la nación. La Constitución Gaudium et Spes, ( Nº31) del Concilio Vaticano II declara que “Es de alabar la conducta de las naciones en las que la mayor parte posible de los ciudadanos participa con verdadera libertad en la vida pública”. “Una verdadera fe que nunca es cómoda e individualista, siempre implica el deseo de cambiar al mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra” Evangelii Gaudium, 183.
Como ciudadanos católicos, tenemos un compromiso de buscar y promover el bien en la  sociedad; nuestras opiniones son importantes, valiosas; ellas pueden contribuir a formar un Chile con sólidos principios y valores, con mayor integración y respeto. La Iglesia nos invita a ser cristianos activos, creadores de la sociedad que queremos vivir. Quedarnos al margen es una omisión que repercute en una Iglesia con menos voces, que no actúa como cuerpo. El poder manifestarse en pro del bien común es un derecho y un deber.

No dilapidemos nuestro capital solidario.